miércoles, 26 de marzo de 2008

Uno de esos maravillosos días...

Por desgracia durante la semana pocas novedades interesantes puedo contar, aunque hoy ha sido una excepción, y no porque realmente sucediese algo especial, si no porque hoy tuve uno de esos maravillosos días en los que desearías el advenimientos del fin de los tiempos. Llámalo levantarse con la pierna zurda o como quieras, la verdad es que hoy me desperté con la madre de todos los cabreos; la misma mala hostia hecha carne. Creo que uno de los incentivos de mi mala baba fue en gran parte haberme percatado que, desde la marcha de un par de rusos y de otro grupito de japos (operarios que estaban levantando unos pisos aquí al lado), estoy absolutamente solo en la residencia, al menos en la parte que no es de apartamentos. No fue muy difícil comprobarlo, ya que la única que deja la puerta entre pisos cerrada es la señora de la limpieza, puerta que está cerrada cuando me voy, porque ella ya ha llegado, y cuando vuelvo, cuando ella ya se ha ido. Traduciendo, que si se me da por correr en pelotas por el salon comunitario, al mismo tiempo que hago el pino y canto una de Mocedades, no habrá nadie que me de la merecida paliza.

La mañana pasó relativamente rápido, no porque tuviese un huevo de trabajo, que lo tengo, si no porque principalmente me pasé todo el tiempo pensando maneras de borrar a la humanidad e la faz de la tierra (cuando uranio enriquecido se necesitaba para..., y luego había que ponerlo en dos contenedores..., un disparador de dinamita con temporizador y...). Fueron unas reflexiones realmente productivas que concluyeron cuando levanté el culo para ir a comer, o eso tenía pensado, ya que en ese momento entró uno de los colegas de trabajo con el que estoy cooperando, con la intención de ver los resultados de los análisis que llevaba una semana haciendo, a los que le dediqué al menos 6 horas diarias. Tras un rápido vistazo, se frotó la barbilla, y exclamó: Bueno, esta es la dura vida del experimental...; como es evidente eso no sonaba demasiado bien, así que le pedí que fuese un poco más conciso en sus "observaciones". Acabó por decirme más o menos que los resultados, quitando alguna rara excepción, eran una mierda porque el modelo no funcionaba bien (cosa que es de agradecer cuando uno se dedica a analizar datos experimentales con un modelo que te han dado). La solución al final fue fácil, medio otro programa y me dijo: venga, a ver si ahora sale mejor (ganbaré...=animo pringao).
Como podéis suponer, mis ganar de matar aunmentaban sin medida, cosa que mejoró cuando llegó la hora de la comida, ya que tener la barriga llena ayuda en estas cosas, pero no tanto cuando tienes para comer espinas con pescado usando los palitos, porque como que te encabronas más.

Llegó la tarde, y tuve que pasarme por la biblioteca porque había cogido unos libros hacía una semana, pero tenía que llevarles mi tarjeta de indentificación, ya que fue esta semana cuando me la dieron. Estaba la misma chica en cuestión, una japa pequeña con pinta de bibliotecaria típica, con sus gafitas y pinta de despistada; lo del despiste no solo porque lo aparentase si no porque casi cae de culo cuando me acerqué y le dije hola (konichi wa), debía estás la mujer muy inmersa en la lectura del libro que tenía entre manos (o es que yo soy muy silencioso que puede ser otra explicación). La chica apenas habla inglés pero nos entendimos en el lenguaje internacional de los signos, ayudados por mi pseudojapo. Me dijo que volviese en 5 minutos y me devolvía los libros, por lo que aproveché para ir hasta el garito donde se pagaba la residencia. Cuando llegué había un hombre joven, al que saludé, nuevamente provocando que casi se cayese de culo de la silla (queda demostrado que entro involuntariamente en un estado de camuflaje que me aisla del mundo exterior). En buen hombre me atendió pero ni el entendía mi japonés (supongo porque no se esperaba que lo balbucease) ni yo su inglés, así que acabó por llamar a un chavalita que si entendía mi japonés aunque el ingles ni lo intentase. Pagué, fui por la biblio y de vuelta al despacho. Esto ni aumento ni rebajó mi mosqueo, pero al menos de dio un poco el aire que biene bien.

El resto del día pasó sin pena ni gloria, continuando con el trabajo, bueno volviendo a empezar quiero decir..., estudiando algo de japo y poco más. Llegó la hora de cenar, cené y tiré para casa. Para ir a la resi cruzo parte del NIFS por el interior, pero nunca me cruzo con nadie porque a esas horar solo andan por allí los que no tienen nada mejor que hacer, pero esta vez fue todo lo contrario. Nada más salir del restaurante me topé con uno de los colegas con los que cené hará dos semanas, comentándome que este fin de semana, el sábado, me presentaría a un equipo de basket, que fuese preparado. Eso redujo mi enfado, buena cosa. Cuando estaba cruzando la entrada prinicipal me encontré con el compañero con el que colaboro (el de la mañana), y me contó que el fin de semana siguiente, si me venía bien, que ya quedaríamos para enseñarme lugares decentes en Nagoya. Este redujo mi enfado. Pero ahí no acabó la cosa, porque justo cuando estaba casi en la puerta para salir del edificio, me crucé con uno de los compañeros d ela clase de japonés, un chico chino que se llama Lee, que me preguntó si tenía plan para la semana dorada (una semana de vacaciones a finales de Abril), alo que yo contesté que si a él se le ocurría algo me lo hiciese saber (en realidad ya tenía pensado ir a Tokyo, pero pudiendo ir acompañado a cualquier otro sitio...). Eso sin duda me hizo olvidar la mala leche, por lo que ahí va la moraleja de la batalla de hoy; los cabreos se pasan mejor acompañado; o eso o que ya me está empezando a hacer falta echarme una novia que me aguante. (¿Alguna se ofrece voluntaria?, porque si la hay permitidme que sea el primero en darle mi más sentida condolencia).

Hoy ni adios, ni salud, ni historia; eso sí, República siempre. Chau.

3 comentarios:

alberto dijo...

Empezó el día un poco jodido pero poco a poco iba mejorando.
Lo de ir en pelotas por la residencia no está mal..., me veo yo ahí... en fin.
Lo de la pachanga de baloncesto está chulo, ten cuidado porque cuando te defiendo me llevo algún que otro codazo, ten cuidado que estos se pueden desmontar.
Me ofrezco para ser tu novia, Hakobu,guapetón.

P.D: Si voy a Japón, me llevo tenedor.
Un saludo.

Irene dijo...

La verdad es que estar solo es un rollo, menos mal que ya te han surgido varios planes, me alegro un montón. No te preocupes por lo de la novia, que todo llega, de momento, creo yo, lo primero es encontrar coleguillas y la cosa va más o menos bien... Tiene razón Alberto, como les des un pequeño codazo lo mismo les rompes algo jijiji.

Por cierto, qué putada lo del trabajo, menos mal que todo tiene remedio.

Un beso

silvia dijo...

Oye, si tan mal lo llevas (lo de la novia digo) te apunto en mi lista de ciber novios (ninguno se me ha quejado aun, pero has de saber que soy muy infiel) aunque creo que, por lo poco que escribes creo que llego tarde ;-)

Molti baci desde el adriatico, y no llores por lo del curro que yo sigo esperando hoy a mi jefe (ya me planto el viernes)