miércoles, 5 de marzo de 2008

Y llegó el lunes

Pues tocó el despertador, aunque yo ya llevaba dos horas dando vueltas por haberme metido en la cama demasiado pronto, salté de la cama y me metí en la nevera que ellos llaman baño, me pegué un duchazo y me vestí con el trajecito, metí la ropa que había comprado el día anterior en la mochila, guarde el ordenata y pa la recepción a asagohan, osea, a desayunar. Nada más llegar le di la llave a un señor serio con pinta de ser el jefe, el me saludó cortesmente como todo buen japo que se precie, pero cuando me disponía a atacar sin cuartel el buffet, escuché que me decía, chotto matte kudasai, es decir, quieto ahí parao que te me embalas. Resulta que me tenía que devolver pasta, porque la gente que trabaja en el NIFS tiene descuento, buena cosa, casi 800 yenes de vuelta a la saca. Engullí más o menos la misma proporción de comida del día anterior, quitando el onigiri porque el día anterior me había dado algo de fatiguilla, y me eché al hombro el portafolios, la mochila y el ordenata, y pa fuera, librándome de casualidad de estamparme contgra la puerta corrediza de cristal cuando me despedía con inclinación incluida del recepcionista.
Eran las 7 y media y había ya una movida tremenda, mogollón de gente de camino a la estación: currantes, ejecutivos, colegialas y colegiados, etc...; haciendo mención especial a las preciosas minifaldas que portaban ellas a pesar del fresquete que hacía; unas santas, todas guapas, ni una fea. ´Dejando eso a un lado, el día anterior me había preocupado de mirar por internet el andén del autobús, el número 3, que me llevaría a kotaniguichi, para más cercana, o directamente a NIFS, que me dejaba en la puerta. Mirando el recorrido del autobús comprobé que era el correcto, importante acordarse del kanji, observando que el precio del viaje eran unos 340 yenes. Sabía que el primero salía a eso de la 8 y poco, pero en la parada ya había un autobús, por lo que para asegurarme, le pregunté al conductor si iba a donde yo quería: sumimasen, kore basu wa Kotaniguchi e ikimasu ka?, a lo que el contestó: ikanai, es decir, que no. Eso significó 15 minutos de espera hasta el siguiente. El próximo tenía un maravilloso letrero electrónico que marcaba las estaciones, entre ellas la mía, aunque para mi regocijo creí ver que aquel autobús iba directamente a NIFS, por lo que me monté. 20 minutos después y 320 yenes menos la pantalla indicó que la próxima
Al fin, ya he llegado. Antes de meterme a NIFS me paso por la resi, pero estaba tan vacia que había eco. Deje todo el equipaje medio escondido, me di un rule por el sitio, tipo safari, y como tampoco dio mucho de si, ya fui para NIFS. A la entrada había una especie de aduana con un señor dentro que sabía tanto inglés como yo austrohúngaro, por lo que el hombre decidió llamar a la secretaria y que ella lidiase conmigo. Muy simpática la mujer llamo a mi contacto, Kiyomasa Watanabe, y al poco se presentó. Un tio simpático, se pasó casi todo el rato riéndose, hablando en inglés pero a trompicones, se le notaba que le costaba. Seguidamente me llevó a la que sería mi oficina, me presentó al grupo de investigación de su área, llevándome a la reunión semanal que parece ser que hacen los lunes. Allí me dio la palabra, después de una breve reseña sobre mí en japonés, y yo me puse a hablar; nunca debió haber hecho tal cosa, no porque estuviese nervioso o me costase expresarme en inglés, cosa de la que me sorprendo todavía hoy, si no porque cuando yo me pongo a rajar, es increible la de paridas que pueden salir de mi boca. Les conté allí la batalla de mi vida, obra y milagros de Petete, las crónicas del entierro de la sardina, y la epopeya heroica de Taumís cagando en la mina; madre mía, solo paré cuando empecé a notar que algunos empezaban a perder el sentido. (Nota para Jacobo: presentarse es decir hola, no estar 15 minutos diciendo cosas que no le importan a nadie).
Primera prueba superada, ya todo el mundo sabe que soy un pesao, ole yo. A contnuación fuimos a pagar el priemr mes de resi y me dieron la llave; la verdad es que tirao de precio, 26000 tenes, osea na. Luego fuimos a comer, eran las 12, una comidita made in Japan junto a varios del grupo de investigación. No se como hacen para jalar tan rápido, estaba yo empezando y ellos ya había acabado; eso era engullir y eso que iban con palitos. No me acuerdo muy bien en que consistió la comida, pero la bandeja tenía varias cosas: un pañito húmedo para limpiarse, una taza para el te, una platito con algo que debía ser pollo, percadito asado, ensaladita al gusto y todo el arroz con curri que pueda tomar. Esa misma tarde me di cuenta de que el curri y mi tripa se llevan un poco mal.
Después de comer Watanabe me llevó hasta el ayuntamiento para hacer el certificado de residencia, que tiene un cochazo descapotable el tio.
Por ahora ya he contado bastante, mañana os digo como es la resi aunque os voy adelantando unas fotillos. Chaus.
FOTILLOS VARIAS



Entrada a NIFS Helicon club (resi)
Despacho 630 (suena a peli de miedo)
Meco de NIFS Puerta del ascensor (tipo evangelion juju)

La habitación de la resi

2 comentarios:

silvia dijo...

Y, como te las apañas en la residencia? Incluye la comida o tienes que pelearte con el supermercado?

Sugerencia: pon bien la fecha en la cámara de fotos...

Gelopoulos dijo...

Qué pasa bandido??

Ya veo que sobrevives ahí en esos mundos de gente que te mira sospechando. Si ya eras mi ídolo (después de verte vestido de gótico), ahora todavía más.

No dejes otacu viva (se escribe asi?)

Cuídate golfo, y haz por vivir